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miércoles, 30 de enero de 2013

6 Palabras que son caminos

Esta tarde, dos personas distintas me han invitado, cada una por su lado, a recorrer un camino.

  • La primera me ha invitado a recorrer un camino de reflexión compartida, en el proyecto Nos ponemos en camino.
  • La segunda, algo aún más maravilloso, me ha invitado a recorrer con ella, literalmente, un "camino de amistad".

Sospecho que en ambos casos (al menos en el primero seguro) ha sido simplemente gracias al título del blog.

Qué preciosas las palabras; cómo se invocan unas a otras con una fuerza que apenas podemos sospechar, cómo perfilan senderos a nuestro pensamiento, cómo moldean nuestro corazón. Las palabras pincelan y a veces deciden la forma en que nos relacionamos con las cosas y con las personas, con Dios y con nosotros mismos.

Nunca lo había pensado, pero sí, tal vez sea importante escoger bien las palabras. Las que digo, pero también las que leo o las que escucho atentamente. Y tal vez sea importante escuchar antes de escoger las palabras, también: dejar que sean las palabras que hay sembradas en mi corazón las que escojan a las que salen de mi boca, y las palabras que tú me estás diciendo, las que llamen, como si de hermanas se tratara, a las que hace tanto que guardo para ti.


lunes, 21 de enero de 2013

0 Yo de mayor quiero ser como vosotras

Oí esta frase ayer por la mañana y me llamó muchísimo la atención. No por la frase en sí, sino por los actores de la escena. Estábamos fuera de la iglesia, antes de la misa, y un sacerdote bastante joven se la decía, con mucha gracia, a dos niñas que, guitarra en ristre, llegaban en ese momento para tocar en la ceremonia.

No me dio la impresión de que fuese un cumplido dicho al azar, sino más bien de que tras esa frase había mucho de reflexión y todo de sinceridad. Realmente, el sacerdote quería crecer hasta ser como aquellas dos niñas, en su ilusión, en su confianza, en su perseverancia, en su pequeñez. Y me dio por pensar cuán importante es elegir bien a quién queremos parecernos, casi tanto como no quedarnos sin elegir. Arriesgarnos a mirar a otro, y admirarle, y amarle sin reservas para irle conociendo. Dejar que nos cambie sin pensarlo demasiado, aceptando el desgarro de salir de mí mismo y la incertidumbre de no saber qué voy a encontrarme. Escoger modelos, referentes, que nos ayuden a abarcar a Cristo en comunión con ellos. Aún sabiendo que ellos pueden fallarnos, y que nosotros no estamos a la altura. Embarcarse en la aventura de crecer con quien se ha asomado a mi vida y me ha tendido una mano.

Al poco rato de esto, me decía mi confesor, medio en broma: "Si sigues mucho a San Pablo te acabará llevando a un amor encendido a Dios, como el que él tenía." A quién amamos, a quién seguimos, es lo que decide nuestro camino.

Y tú, ¿adónde quieres ir?





sábado, 8 de diciembre de 2012

3 Palabras que incomodan

Acabo de recordar cuánto me incomodaba determinada palabra cuando empecé a recibir catequesis. No era "demonio" ni "Dios" ni "obediencia" ni "pecado". Para nada.

Era "misterio".

Cada vez que la oía, saltaba un resorte en mi cabeza. Un "vale, y a partir de aquí es cuando me tomas el pelo".

Me llama la atención que, en aquella época, no pudiera aceptar que hay cosas demasiado complicadas para el hombre, y sin embargo, pudiera oír hablar de la dualidad onda-corpúsculo, del vacío cósmico o de la paradoja de Schrödinger (cosas que tampoco entenderé jamás) sin despeinarme ni siquiera un poquito.

Qué raros somos...

jueves, 29 de noviembre de 2012

0 Salimos en los periódicos

Ya me lo advirtió mi madre: "Como sigas así, hija mía, cualquier día de estos te vemos en los periódicos".

Ese día ha llegado.

martes, 27 de noviembre de 2012

0 Una luz verde

Todas las mañanas, antes de que amanezca, paso por delante de Torre Espacio. En uno de los pisos más altos brilla, intermitente, incansable, una luz verde.

Es un sagrario.

Allí, en medio de lo más inopinado, en lo más árido e inesperado de Madrid, brilla una luz color esperanza, por causa de otra luz mucho más brillante.

Todas las mañanas le pido a Dios que me permita ser esa lucecita verde, latiendo en la oscuridad.



lunes, 19 de noviembre de 2012

5 Momento ñoño

Prometo no tener muchos de estos. Pero el de hoy está justificado: ayer fue mi confirmación. Tenía tantas expectativas que pensé que me decepcionaría, pero al contrario. Fue un día increíble; la culminación de un camino no siempre fácil, rodeada de las personas que me han ido acompañando todo este año. Muchos recuerdos, muchas emociones.

Hubo un momento, el sábado, en que dudé. Solo fue un momento, pero en ese instante me pudo el vértigo de decir que sí, para siempre, por primera vez en mi vida. Pensé que igual lo podíamos dejar para otro día. Que y luego si me arrepiento qué hago. A Dios no se le puede pedir el divorcio.

Por suerte, a Dios también se le quiere tanto que es muy difícil decirle que no cuando se pone con sus pucheritos. Así que aquí estoy, como dice un amigo, disfrutando de mi luna de miel con el Señor. Feliz como nunca. Constatando cómo el Espíritu, lejos de ser un soplo de brisa, es un huracán que todo lo trastoca y lo pone patas arriba.

Para celebrarlo, una canción pastel que reconozco que me encanta: Pescador de hombres. A mí me ha pescado pero bien.


lunes, 12 de noviembre de 2012

2 Un chiste de lentejas y una casulla roja

Hay días en que uno acaba quemado. Quemado de ver a la injusticia, al egoísmo, a la hipocresía y al abuso de poder en primera fila, mientras se pelean por la carroña. Quemado de que las personas no nos entendamos, de que pensemos mal, de que desconfiemos hasta límites estúpidos unos de otros. Quemado de que cada vez que uno se declara católico o simplemente razona, como dirían Les Luthiers, ligeramente fuera del recipiente, sea archivado en la caja de los monstruos. Quemado de que importe más ganar, ponernos medallas y llevar razón que dar fruto. Y etcétera.

Esos días dan ganas de mandar a tomar vientos la bicicleta e irse al campo a criar pollos o, por lo menos, pasar de todo. Decir, como en el chiste de las lentejas: si se pegan, pues déjalas que se maten. Allá penas. Que cada palo aguante su vela. Que yo apenas doy para aguantar el mío. Que les den.

Entonces vas a misa y el sacerdote lleva una casulla roja, de un rojo profundo y brillante. La lleva de ese color porque hoy recordamos a un mártir, a un arzobispo, San Josafat, que fue asesinado por las envidias que despertaban su entrega a su trabajo y su caridad. Y parecía, en la misa, que en el altar no estaba el sacerdote sino el mismo mártir, bañado en su propia sangre, diciéndote: "Pero mujer... si lo tuyo no es nada...".

En ese momento te dan ganas de reírte y comprendes que es verdad. Ese es el listón, el nivel del sacrificio. Que no quiere decir que todos tengamos que morir asesinados, sino que Dios es capaz de sostenerte hasta ese punto, si te dejas, si se lo pides.

Voy a tener que pedirle al Señor bollycaos de fe hasta que me salgan por las orejas.


Yo esta tarde, antes de la casulla roja

jueves, 8 de noviembre de 2012

3 Topping

Yo lo llamo el topping, y es una de las cosas que me tiene enganchada a ir a misa por la tarde. Es una sensación curiosa que me pasa cuando voy a comulgar: cada día, la hostia tiene un sabor distinto.
 
Y lo que me encanta es que siempre ese sabor, de alguna manera, me da la respuesta a todas las preguntas, dudas, inseguridades y come-comes que he ido acumulando durante el día. Supongo que por eso, cuando voy a misa por la mañana, no lo noto. Y menos mal, porque por las mañanas la única respuesta que necesito son las sábanas. Sabor a sábanas, ¡puaj!
 
Es complicado explicar cómo un sabor da argumentos, pero lo hace. Suele ser, además, una respuesta que no se me había ocurrido, que me saca completamente de mis bucles mentales y me coloca, de nuevo, en la dirección correcta. Tiene lógica. Nadie se toma la molestia de darle a otro una respuesta que él ya está considerando.
 
Así que es una fiesta: todas las tardes voy por el pasillo pensando "A ver, Señor, qué topping me tienes preparado hoy". Debo de tenerlo frito a preguntas para que haya tenido que inventarse esto. Es divertidísimo.
 
 
 


martes, 6 de noviembre de 2012

1 Hormigas

Hay conversaciones entre cristianos que me hacen recordar a las hormigas.

A veces, las hormigas no se consiguen organizar para llevar una miga de pan. Para ellas supone la cena de una semana, tal vez la diferencia entre vivir o morir. Y es, por tanto, muy importante.

Los detalles, a veces, son fundamentales, claro. Sin embargo, cuando veo a los mayores, a los que saben de cristianismo, debatir cosas como con qué parte del cuerpo se debe recibir la Comunión, no puedo evitar acordarme de las hormigas. Y me imagino a Dios mirándonos con ternura y diciendo "En el fondo, son tan pequeñitos..."

No sé. Cosas mías.

viernes, 26 de octubre de 2012

2 Una imagen

Había tenido un día malo. Muy malo. Uno de esos días en los que te dan ganas de mandar a todo el mundo a tomar por, sin distingos y con saña, y luego sentarte en un rincón a balancearte mientras te abrazas las piernas.

Así que después de la misa me he quedado un rato a renegar del mundo con Jesús. Lo que me aguanta, el pobre, especialmente teniendo en cuenta que el mundo lo hizo él y yo se lo pongo a caer de un burro.

Estaba en la basílica de Medinacelli y, en el piso de arriba, habían expuesto la imagen del Cristo del mismo nombre, que en Madrid es como si expones a Cristiano Ronaldo delante de un instituto. La gente iba pasando en fila y le besaba los pies, creo. La cola llegaba hasta la puerta, que en esa basílica es decir mucho porque es King Size, y me atrevo a asegurar que había estado así toda la tarde.

Dos metros más abajo, Cristo en persona, desde el Sagrario, miraba a una nave prácticamente vacía.

Me estaba dando un poco de pena y todo. Cuesta entenderlo. Es como ir a ver a tu novio a su casa y, cuando te abre la puerta, ignorarle para lanzarte a dar besos a una foto suya. Es raro.

Estaba pensando en estas cosas, cuando he visto por el rabillo del ojo a dos niños que iban por el pasillo. Muy despacito. Tendrían ocho o diez años y parecían hermanos. Uno de ellos llevaba en la mano un rosario de plástico azul eléctrico.

Iban tan despacio porque avanzaban de rodillas. Paso a paso, totalmente absortos.

Derechitos al Sagrario.

Supongo que es la forma que tiene Dios de llevarte la contraria cuando criticas su querido mundo.

En el fondo, es un respondón.

El respondón

jueves, 18 de octubre de 2012

0 Hogar

Madrid. Salgo del dentista, y dudo entre quedarme haciendo tiempo para ir a misa o largarme a casa a dar con mis huesos en el sofá.

De pronto, me asalta un pensamiento: ¿es más mi casa aquella donde hoy no me espera nadie (a excepción de un gato-pezconpelo) o aquella donde me espera el mismísimo Jesús?

Y aquí estoy. Haciendo tiempo.

miércoles, 17 de octubre de 2012

0 No les representas

Acabo de tener una conversación, medio en broma, con un jefe de mi empresa, a propósito de un compañero nuestro, que es testigo de Jehová y que no miente jamás aunque le vaya en ello la vida. Llamaremos a este compañero Chema.

Susana: Mira qué bien te viene tener a Chema, que puedes estar seguro de que no miente.

Jefe: Sí, a partir de ahora creo que los vamos a contratar a todos testigos de Jehová. Ateo, fuera. Sintoísta, fuera. Católico, fuera.

Susana: ¡Oye! Que a mí me habrás visto mentir bien poco.

Jefe (serio): Sí, pero es que tú no representas a la mayoría de los católicos.

¡Tócate los pies! ¡Si lo haces mal, es que eres católico, y si lo haces bien, es que no eres representativo!

Lo dicho, que alguien me pase el manual.

viernes, 5 de octubre de 2012

0 Ser consecuente

Esto de ser consecuente con lo que uno piensa, a veces, es un fastidio.

Yo estoy en contra del aborto, porque me parece de cajón que es un asesinato a sangre fría. Y este domingo es la Marcha por la Vida en toda España.

No me apetece ir. Para nada. Este domingo lo que me apetece es levantarme tarde, desayunar cereales y quedarme imbécil viendo dibujos animados. Pero hay que se consecuente.

Tchk.

Al menos me he apuntado de voluntaria, que seguro que es más divertido. Así que, si vas y ves a una señora vestida de voluntaria y durmiendo de pie, esa soy yo.

Como decía Santa Teresa, Señor, con las cosas que les mandas a tus amigos, no me extraña que tengas tan pocos...

lunes, 1 de octubre de 2012

0 Petición

Señor, enséñame a venerar la imagen de Ti que hay en cada ser humano.

Eso... o napalm y un lanzallamas. Yo ahí lo dejo.

Siempre tuya,
Susana

viernes, 28 de septiembre de 2012

1 Un pensamiento antes de dormir

La fe no se consigue. No se gana. No es un premio por ser bueno.

La fe es un regalo totalmente gratuito. Solo tienes que quererla, y estar dispuesto a asumir las consecuencias.

La fe no hay que merecerla. Lo sé porque yo la recibí, y puedes creer que no la merecía. Tal vez por eso me siento tan profundamente agradecida, y sé que no me bastará esta vida, y no sé si con la eterna me llegará tampoco, para devolverle a Dios una pequeña parte de lo que me ha dado.

Si eres un bicho, un caso perdido, un desastre, un vicioso, un crápula, un desahuciado, estás de enhorabuena: a Dios le caes bien. Le encantan los retos. Y yo en tu lugar revisaría a menudo el buzón de tu corazón: seguramente cualquier día encuentres un paquetito con un gran lazo...


lunes, 24 de septiembre de 2012

0 El hambre agudiza el ingenio (a veces)

Madrid. Cinco de la tarde. Acabo de salir del trabajo y he tenido una mañana de perros. De perros con colmillos feos. He quedado para un café (espero que sea güisqui) a las seis y media, así que no me puedo ir a casa. ¿Qué hacer? Pues me apetece hacerle una visita a mi Jesús Sacramentado, quedarme con él un ratito, contarle lo mala que es la gente conmigo, con lo buena que soy yo, y todo eso.

Saco mi Google Maps y busco: "iglesia". Solo me sale la parada de
Metro. Vuelvo a intentar: "parroquia". Ahora sí. Voy a la que está más cerca. Es un sitio precioso... pero la capilla está cerrada hasta las siete y media. Pruebo en otras dos, con idéntico resultado: el Señor no recibe hasta más tarde.

Frustrada, me voy a una cafetería y me pido un trozo gigante de bizcocho. Ya con azúcar en el cerebro, recuerdo que me han contado que hay lugares maravillosos donde el Santísimo está todo el día disponible, esperando con infinito amor nuestra visita. Tiro otra vez de Google y encuentro


¡Si tengo una aquí mismo! Me caigo del bus y aterrizo en la capilla. ¡La de lata que te voy a dar, Amor!

jueves, 13 de septiembre de 2012

2 El gancho del lado oscuro

Hay una frase que en mi época atea (hace un verano, literalmente) me encantaba, y que era: "Las chicas buenas van al cielo; las malas, a todas partes."

Es una gran verdad, al menos en el sentido más inmediato de "ir a todas partes".

Ser malo (en el sentido más amplio de la palabra), para empezar, es muy divertido. Salir a desfasar, por ejemplo, produce unas descargas de adrenalina brutales. Las drogas, todas, son muy placenteras, qué duda cabe. Si no, la gente no las tomaría. Que te cuenten a la mañana siguiente con quién te enrollaste porque ibas demasiado ciega para acordarte de nada, suele ser gracioso (habitualmente más para tus amigos que para ti, todo hay que decirlo). Ligar con todos los chicos de la discoteca, sentirte deseada y poderosa (aunque en el fondo sepas que a partir de cierta hora se liarían con una ornitorrinca, si la ornitorrinca se deja) es un chute de autoestima tremendo. Y saber que podrías llevarte a cualquiera de ellos a la cama con solo chasquear los dedos, y al día siguiente darle puerta sin siquiera preguntarle su nombre... ¡Es genial! Te hace sentir libre, que haces lo que te da la gana, que manejas a los chicos como quieres. Pasar todos los sábados de fiesta, vestida para matar, y pasar el resto de la semana contando el fin de semana pasado y pensando en el siguiente es, desde luego, bastante más entretenido que ir a clases que no te interesan o tener un trabajo mal pagado. Total, tal y como está la economía, mejor esperar...

Pero las chicas malas hacen más cosas que irse de fiesta. En algún momento encuentran un trabajo que vale la pena, claro que sí. Tienen claro lo que quieren (ganar mucha, mucha pasta) y lo consiguen. Por supuesto, todo tiene un precio. Y siempre hay un superior dispuesto a patrocinarte a cambio de nada... o casi nada. El hecho de que esté casado, oye, es su problema. Es un cerdo, y los cerdos están para aprovecharlos, ¿no?

Y qué decir del halo romántico. La sensación de no tener nada que perder, de saberte en ventaja sobre los demás porque ellos tienen debilidades que tú desprecias.

El placer de conseguir cosas que otros no consiguen y restregárselas.

El saberte fuerte y despiadada.

Qué satisfacción.

Y esta es solo una de las formas de ser malo, la que se me ha ocurrido. Seguro que a ti se te ocurre otra mejor que te encantaría vivir. Y seguramente que a mí también me gustaría. Entonces, ¿por qué no lo hacemos? ¿Por qué algunos eligen trabajar duro, hacer sacrificios, ayudar a otros y arriesgarse a amar?

Una de las razones es el sentido. Ese "ir a todas partes" del que hablábamos al principio (ser importante, sexy, tener dinero), en realidad, tiene las patas muy cortas. Los momentos de placer, de ese tipo de placer, son cada vez más cortos y más vacíos, y todo a su alrededor, toda tu vida, tiene cada vez menos razón de ser. Y un día te despiertas en la cama, probablemente con resaca, y te preguntas para qué vas a levantarte. A quién le importa si no lo haces. Y nadie responde, solo sientes dolor de cabeza.

El amor, sin embargo, es duro. Y bastante poco práctico. Te quita tiempo para ti. Hace que busques el bien de los demás antes que el propio... ¿no es estúpido? ¿No es mejor que cada uno mire por sí mismo? Pero, curiosamente, no. Con el tiempo descubres que no vas a ascender en tu vida porque en lugar de quedarte a echar horas prefieres dedicarte a tu familia; que vas hecha un cromo, con cara de sueño, ropa de hace dos temporadas y el pelo sin arreglar; que hace seis meses que empezaste un libro y todavía vas por la página veinte. Y te das cuenta de que, sin embargo, eres tú quien lleva alegría a los demás, que te ríes por cualquier cosa, que a ratos sientes que el corazón te va a estallar de felicidad y de esperanza.

Va a ser que, después de todo, estamos pensados para amar.

Actualización: casualmente el post de hoy de Joan Figuerola va sobre el sentido de la existencia. Aviso a navegantes: es hardcore.


lunes, 3 de septiembre de 2012

0 La sal del mundo

Se supone que los cristianos debemos ser la sal del mundo.

Hay mañanas en que a uno le gustaría ser el filete: dejarse hacer, y si luego se tercia, llevarse todo el mérito.

Pero no, toca ser sal.

Coj...

miércoles, 29 de agosto de 2012

0 Cosas que me pregunto

La Iglesia paga todos los impuestos que según la legislación española debe pagar.

En España es criticada y defenestrada, entre otras cosas, porque se la quiere obligar a pagar más.

La Liga Profesional de Fútbol debe 750 millones de euros a Hacienda. Muchos de los jugadores de la Selección evaden impuestos.

En España son héroes y ejemplos a seguir.

A mí algo no me cuadra.

0 Salir del armario

Igual te has preguntado alguna vez por qué inicié este blog de forma anónima. La respuesta es que me apetece conservar mi trabajo e incluso, quién sabe, algún día, optar a uno mejor. O distinto, que de todo se cansa uno.
 
No soy la única católica que escribe en la red sin declarar su nombre real. Cada uno tendrá sus motivos, supongo, pero es posible que muchos pasen por el hecho de que, hoy en día, declararse católico equivale a ser inmediatamente sospechoso de:
 
- Fanatismo.
- Estulticia.
- Intolerancia.
- Homofobia.
- Misoginia.
- Represión sexual o, por el contrario, delitos sexuales.
- Pensamiento anticientífico.
- Borreguismo.
- Ansias de poder.
- Anquilosamiento en estructuras sociales arcaicas.
- Etc.
 
Lista la anterior que me importaría un comino suizo de no ser porque puede costarme el pan diario.
 
Sin embargo, si miras a la derecha del blog, desde hoy puedes ver la insignia de mi perfil personal de Facebook, con mi nombre y apellidos reales.
 
Y he cambiado de opinión por lo siguiente: porque creo que uno puede perfectamente ser cocinero y hacerse un "perfil de cocinero" para publicar sus recetas en internet sin que eso tenga por qué verse mezclado con su faceta de, por ejemplo, aficionado al pádel. Pero ser cristiana no es una parte de mi vida, es mi vida entera. Todo lo que soy (en mi trabajo, en mi relación con mi familia, con mi novio, con mis amigos) se sigue de ahí. Ser cristiano no es algo privado, como muchos pretenden. No es algo que se hace durante un ratito al día. No es una afición. Es una forma de ser.
 
Por eso he decidido dar la cara. Porque quiero que sepas quién soy, si te apetece. Para lo que siga, Dios proveerá. Digo yo.
 
 
 

 
 

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