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domingo, 9 de diciembre de 2012

4 El catolicismo no es para pusilánimes

Me quito el sombrero ante el nuevo artículo de Todo era bueno:
"El catolicismo tiene un coste altísimo. En horas, en dinero, en energías y en todo. Si quieres ser católico... prepárate a sufrir. Nuestro jefe es uno al que las autoridades religiosas oficiales de su época consideraron blasfemo y al que las autoridades políticas de su época torturaron hasta la muerte después de hacer un referendum popular. Cualquiera que crea que el catolicismo tiene coste cero se encontrará en un aprieto si un día tiene que decidir entre hacerse una inseminación in vitro o no tener hijos."
  
Ser católico no es ni cómodo, ni anestesiante, ni narcótico. No es un placebo facilón. Ser católico exige lucha. Exige ir contra corriente. Exige crecimiento y reflexión. Exige tomar decisiones difíciles. A veces, exige renuncias dolorosas. Y exige trabajo, mucho.

¿Lo cambiaría por algo? JAMÁS. Por nada del mundo. Nunca he sido más feliz. Si buscas la felicidad, has llamado a la puerta adecuada.

Ahora bien, si lo que quieres es una distracción para los domingos... mejor cómprate un canario.



 
 



lunes, 26 de noviembre de 2012

0 Abecedario para un lunes cualquiera

Lo he encontrado por ahí. Algunas cosas son de Perogrullo (lo de" trata a los demás como quieras que te traten" no es que aporte demasiado, la verdad), pero otras me han gustado. Algún día haré uno propio.


Alaba a Dios en cada circunstancia de la vida.

Busca la excelencia, no la perfección.

Cuenta tus bendiciones en vez de sumar tus penas.

Devuelve todo lo que tomes prestado.

Encomienda a tres personas cada día.

Fíate de Dios de todo corazón y no confíes en tu propia inteligencia.

Gózate con los que se gozan y llora con los que lloran.

Haz nuevos amigos, pero aprecia a los que ya tienes.

Invita a Cristo a ser tu Señor y salvador.

Jamás pierdas una oportunidad de expresar amor.

Lee el evangelio y ora cada día.

Mantente alerta a las necesidades de tu prójimo.

No culpes a los demás por tus infortunios.

Olvida las ofensas y perdona así como Dios te perdona.

Promete todo lo que quieras, pero cumple todo lo que prometes.

Que se te conozca como una persona en quien se puede confiar.

Reconoce que no eres infalible y discúlpate por tus errores.

Sé la persona más amable y entusiasta que conoces

Trata a todos como quieras que te traten.

Únete al ejército de agradecidos.

Vístete de misericordia, humildad y paciencia.

Y no te olvides de soportar a los demás como a ti te soportan.

Záfate de las garras seductoras de Satanás.


jueves, 22 de noviembre de 2012

0 Cristianos de carne y barro

Hacía tiempo que no le robaba una entrada a Todo era bueno the great. Ya iba siendo hora.

Pone TEB esta imagen:



Y dice, entre otras cosas, lo siguiente:
Sobran ejemplos de cómo algunos falsos apologetas han convertido a santos de carne y hueso -que son regalos de Dios para que los hombres se ilusionen en el camino de la santidad- en caricaturas photoshopeadas de la santidad, que hablan más de las limitaciones de sus hagiógrafos que de la grandeza de Dios.

Porque ante los santos de cartón piedra uno dice: "Impresionante, no me extraña que haya llegado a santo, con lo bueno que era y con el buen material que había. En cambio yo...".

Pero ante los santos REALES uno dice: "Impresionante. Si con las debilidades -y pecados- que tenía esta persona Dios ha hecho un santo... conmigo también podrá hacerlo".

A los cristianos de a pie nos ha pasado en ocasiones lo mismo: taaaan buenecitos hemos querido aparecer, tan correctos, tan por encima de la suciedad de este mundo, tan "oig", tan "qué escándalo", que hemos acabado por convencer al resto de la gente de que el cristianismo no es para ellos. Que es para los elegidos, para los niños pijos de moral intachable, para los que nacieron sin mácula.

Y no es así. Aquí miserias tenemos todos. Unos más que otros y yo les gano a todos, sí, pero todos tenemos nuestras peleas con el egoísmo, con la pereza, con la vanidad, con lo que sea. El ser cristiano no es un levantarse por las mañanas a que los pajaritos se nos posen en el dorso de la mano y nos canten los buenos días. El cristiano se levanta del catre, normalmente antes de que haya amanecido, saluda a su Señor y se cuelga el sable, dispuesto a pelear mucho y, tal vez, vencer. O no. Con alegría (mucha), pero con sudor y con lágrimas. Con amor, pero no amor de pastel sino de desgarro.

El cristianismo es para personas. Para los que somos débiles; para los que hemos caído una y otra vez, pero aún nos quedan ganas de levantarnos... a veces. Para los que pensamos que no merecemos el amor de Dios ni casi el de los hombres. Para los que hemos hecho cosas que nunca contaríamos a nuestra madre. A por nosotros vino Jesús: no a por los santurrones ni a por los megaguays. A por nosotros.









miércoles, 7 de noviembre de 2012

2 Un buen jefe

Hace unos días leía un post sobre la disponibilidad del cristiano. Venía a decir, más o menos, que está muy bien ofrecerse y entregarse pero que llega un momento en que el que mucho abarca poco aprieta.

Yo me dedico a la gestión de personal. Asigno tareas en función de la carga de cada técnico, de su capacidad y de sus cualidades. Siempre procuro que tengan lo necesario para realizar su trabajo, tanto herramientas como tiempo, y nunca, nunca, les pido más de lo que sé que pueden hacer.

Dios, como gestor de personal, es mucho mejor que yo, solo faltaría. Eso significa que tiene a sus viñadores bien atendidos, alimentados y descansados. Si te pide algo, es porque te va a dar el tiempo y las fuerzas para hacerlo. No es necesario andarme preocupando de si abarco o no abarco demasiado, porque yo no gestiono lo que hago para Dios. Ya lo hace Él y, por lo que he vivido hasta ahora, volvería a firmar ese contrato con los ojos cerrados.

Otra cosa, claro, es que me dé al pluriempleo. Si pretendo servir a Dios y a mi ego al mismo tiempo, la jornada no me da. Porque además yo tengo un ego de dimensiones épicas, y si le empiezas a dar de comer ya te puedes olvidar de hacer otra cosa.

Pero si trabajas solo para Dios, puedes estar tranquilo de que no te vas a ver enterrado en tareas. Si mis técnicos, que solo me tienen a mí, lo están, ¿no lo vamos a estar los cristianos, que tenemos el mejor jefe del mundo?

domingo, 28 de octubre de 2012

2 Cristiano, nivel 30

He encontrado por ahí un texto precioso, al parecer de un manuscrito medieval, llamado "Un sacerdote debe ser...". A mí me parece una definición perfecta de a lo que debemos al menos aspirar todos los cristianos, así que me he tomado la libertad de cambiarle el título. Al fin y al cabo, cualquier bautizado es sacerdote, ¿no? Pues eso. Aquí no se libra nadie.

 

Un cristiano debe ser


Muy grande
Y a la vez muy pequeño,
de espíritu noble como si llevara sangre real
Y sencillo como el labriego.

 Héroe por haber triunfado de sí mismo
Y el hombre que llegó a luchar contra Dios.
Fuente inagotable de santidad
Y pecador a quien Dios perdonó.

Señor de sus propios deseos
Y servidor de los débiles y vacilantes.
Uno que jamás se doblegó ante los poderosos
Y se inclina, no obstante, ante los más pequeños.

Y es dócil discípulo de su Maestro
Y caudillo de valerosos combatientes.
Pordiosero de manos suplicantes
Y mensajero que distribuye oro a manos llenas.

Animoso soldado en el campo de batalla
Y mano tierna a la cabecera del enfermo.
Anciano por la prudencia de sus consejos
Y niño por su confianza en los demás.

Alguien que aspira siempre a lo más alto
Y amante de lo más humilde…

Hecho para la alegría
Y acostumbrado al sufrimiento.
Ajeno a toda envidia.

 Transparente en sus pensamientos.
Sincero en sus palabras.
Amigo de la paz.
Enemigo de la pereza,
Seguro de sí mismo.


("Completamente distinto de mí", comenta humildemente el autor. Angelico.)
 
 

jueves, 4 de octubre de 2012

0 El despiste del cristiano

Lo que te voy a contar, vaya por delante, adolece de cualquier cosa que pueda llamarse rigor histórico. Te cuento de oídas y tampoco me he parado a documentarme, porque hoy me interesa más el concepto que la historia en sí. Como pasar, pasó, pero es posible que la secuencia o los detalles no se parezcan demasiado a la realidad.

San Francisco, de joven, era un despistado de narices. Cuando todavía vivía con sus padres y soñaba con hacerse rico y famoso a lo Belén Esteban, una noche soñó que se encontraba en un palacio, rodeado de riquezas y casado con un pibón. En su sueño, alguien le decía que conseguiría todo aquello si luchaba "bajo el signo de la cruz". Las riquezas simbolizaban los tesoros espirituales, la chica a la Iglesia (sí, a pesar de la falta de fotogenia de algunos obispos...) y la cruz era la de Cristo. Pero Francisco se lo tomó todo literalmente, contrató un escudero y se fue a alistar al ejército. Hasta tal punto iba convencido, que el mismo Dios le paró por el camino para decirle "Pero ¿dónde vas? Anda, vuélvete a casa que no has entendido nada...".

Y Francisco se volvió a casa, y siguió con sus fiestas y con sus amigos. Un día salió a dar un paseo a solas por los alrededores de su pueblo, y entró en una iglesia medio en ruinas. Allí, frente a un crucifijo, tuvo una experiencia que marcó su vida. Sintió que el propio Cristo le abrazaba. Se enamoró perdidamente. Y obtuvo respuesta, por fin, a algo que llevaba tiempo preguntándole: "Señor, ¿qué quieres que haga?".

Y la respuesta de Cristo fue "Repara mi Iglesia."

Se refería a la Iglesia de los cristianos, claro, a todos nosotros. La Iglesia, por aquellos entonces, digamos que había tomado un ligero desvío en el camino a la santidad. Y el Señor le pidió a Francisco que recondujera la situación.

Pero otra vez el bueno de Francisco no lo pilló, y al oír el "repara mi Iglesia" se puso, cemento, agua y ladrillo, a arreglar la iglesia en la que había entrado, mientras Cristo, supongo, se daba de golpes en la frente y se preguntaba si llegaría a hacer carrera de aquel muchacho.

Con el correr de los años y el tesón, por suerte, el "oído" de Francisco para con Dios mejoró notablemente, y llegó, en efecto, a renovar la Iglesia de su tiempo.

Y ¿por qué te cuento todo esto? Pues para pedirte que nos perdones. Porque a veces los cristianos somos duros de oído, y nos verás hacer y decir cosas que no son muy acertadas, y enrolarnos en batallas a las que nadie nos ha convocado. Ten paciencia, por favor. La intención es buena, pero no siempre comprendemos lo que Dios quiere de nosotros. Por favor, cuando nos veas meter la pata, acuérdate de Francisco... y danos otra oportunidad.



miércoles, 26 de septiembre de 2012

0 Subir la velocidad a 3P (la de los santos)

Dios no te pide que transformes el agua en vino, pero sí te pide que llenes las tinajas.

La velocidad de los santos es 3P:

Pequeños Pasos Posibles.

Quizá no podemos alimentar a todos los pobres de la tierra, pero podemos saludar con respeto y dignidad a quien está mendigando en la calle o a quien intenta limpiarnos el parabrisas o vendernos un paquete de pañuelos.

Quizá no podemos cambiar ese terrible carácter nuestro para siempre, pero podemos sonreír a ese cabrito de la oficina que nos la ha jugado porque -pobre- cree que el dinero es lo más importante.

Quizá no podemos resucitar a los muertos, pero podemos acompañar la tristeza de esas personas que ocupan en nuestra sociedad el lugar de los apestados, los que llevan en la frente el cartel de "fracasado".

Cada día podemos dar algún Pequeño Paso Posible.
Es la velocidad de los santos y, aunque parezca mentira, es bastante alta y nos lleva 
MUY LEJOS.


 Sí, le he vuelto a robar a Todo era bueno.




viernes, 31 de agosto de 2012

0 Un poco de autocera

(Los cristianos) habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos y todo lo soportan como extranjeros; toda tierra extraña es para ellos patria, y toda patria, tierra extraña. Se casan como todos: como todos engendran hijos, pero no exponen los que les nacen. Ponen mesa común, pero no lecho. Están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan el tiempo en la tierra, pero tienen su ciudadanía en el cielo. Obedecen a las leyes establecidas; pero con su vida sobrepasan las leyes. A todos aman y por todos son perseguidos. Se los desconoce y se los condena. Se los mata y en ello se les da la vida. Son pobres y enriquecen a muchos. Carecen de todo y abundan en todo. Son deshonrados y en las mismas deshonras son glorificados. Se los maldice y se los declara justos. Los vituperan y ellos bendicen. Se los injuria y ellos dan honra. Hacen bien y se los castiga como malhechores; castigados de muerte, se alegran como si se les diera la vida. Por los judíos se los combate como a extranjeros; por los griegos son perseguidos y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben decir el motivo de su odio.


De la Epístola a Diogneto.

0 Mirar de reojo



¡Ay de mí, si digo "Soy cristiano"; a lo mejor mirando de reojo a otros que en mi opinión no lo son (...)! Entonces mi ser cristiano corre el peligro de no ser más que la forma religiosa de mi personal afirmación de mí mismo. Y no soy cristiano, sino que, si Dios me lo concede, estoy en camino de serlo. No en la forma de una propiedad o de una posición desde la que juzgar a otros, sino en un movimiento. 


Romano Guardini, citado por José Pedro Manglano en Dios en on.

 

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