De esta forma preciosa y terrible me escribía hace unos días una chica, universitaria, muy simpática. Tímidamente y con muchísima, muchísima culpa, me contaba que su gran pecado estaba relacionado con el sexo, y que incluso algún sacerdote se había escandalizado al contárselo en confesión.
Claro, una, que tiene un pasado, tiende a pensar mal. Leí universidad, sexo y sacerdote escandalizado, y una orgía con enanitos vestidos de cuero es lo más suave que se me vino a la mente. Qué le vamos a hacer. Vendí la inocencia y me han dicho que ya no me la devuelven.
Pero no había tales orgías. Lara (es un seudónimo) me dijo que es virgen, con lo cual se ganó toda mi admiración pero también mi perplejidad. Traté de pensar en algún pecado sexual horrible que pudiera cometerse permaneciendo virgen, y confieso que alguno se me ocurrió, pero no me pareció probable, porque al final una cosa lleva a la otra. Hasta que ella misma me indicó dónde estaba el problema.
La masturbación.
Me preguntaba si a otras chicas les ocurre. Le habían contado en un foro que era necesario contar cuántas veces se masturba uno para confesarlo luego.
Yo no soy sacerdote, ni sexóloga, ni nada que se le parezca. Solo puedo hablar de mi experiencia, de lo que voy aprendiendo con mucho trabajo. Pero le respondí como pude, y con su permiso lo comparto por si tú también quieres leerlo.
La oferta final también te la hago a ti, aunque la experiencia me dice que escandalizar a un sacerdote es una tarea ardua y sin garantías de éxito...
Claro, una, que tiene un pasado, tiende a pensar mal. Leí universidad, sexo y sacerdote escandalizado, y una orgía con enanitos vestidos de cuero es lo más suave que se me vino a la mente. Qué le vamos a hacer. Vendí la inocencia y me han dicho que ya no me la devuelven.
Pero no había tales orgías. Lara (es un seudónimo) me dijo que es virgen, con lo cual se ganó toda mi admiración pero también mi perplejidad. Traté de pensar en algún pecado sexual horrible que pudiera cometerse permaneciendo virgen, y confieso que alguno se me ocurrió, pero no me pareció probable, porque al final una cosa lleva a la otra. Hasta que ella misma me indicó dónde estaba el problema.
La masturbación.
Me preguntaba si a otras chicas les ocurre. Le habían contado en un foro que era necesario contar cuántas veces se masturba uno para confesarlo luego.
Yo no soy sacerdote, ni sexóloga, ni nada que se le parezca. Solo puedo hablar de mi experiencia, de lo que voy aprendiendo con mucho trabajo. Pero le respondí como pude, y con su permiso lo comparto por si tú también quieres leerlo.
La oferta final también te la hago a ti, aunque la experiencia me dice que escandalizar a un sacerdote es una tarea ardua y sin garantías de éxito...
Me dices que sientes que tu ser más absoluto va muriendo a causa del pecado. ¡Pero eso es fantástico! Significa que estás muy, muy cerca de Dios, aunque ahora mismo no te dés cuenta. El pecado solo se reconoce como tal a la luz de Dios. Por eso cuando vamos a misa, lo primero que hacemos es reconocer nuestros pecados, porque nos ponemos en presencia de Dios, y es cuando decimos "madre mía, la que he liado...". Ahí es cuando nos damos cuenta. Al que no está cerca de Dios, el pecado le parece lo más natural del mundo.
Hombre, para las confesiones, cada uno tiene sus manías, pero yo creo que el llevar un contador de masturbaciones en el bolso o no llevarlo es lo de menos. Lo importante, en mi opinión, es ir comprendiendo que realmente no tiene importancia. Ir haciéndose cada día más libre y más puro, que no significa otra cosa que quitarse lastres y estorbos e ir acogiendo la Gracia.
Con estas cosas, cuanto más intentes evitarlo, más te apetecerá. Es así, y es la pescadilla que se muerde la cola, claro. Más lo quiero evitar, más me apetece, más empeño pongo en evitarlo, más aún me apetece... Y no, no es eso.
Por mi experiencia, la masturbación es un sucedáneo. Llena ese vacío que se siente cuando uno anhela amor, compañía, cariño, comprensión... Pero cuando tratamos de llenar ese vacío con sucedáneos, lo que ocurre es que se hace cada vez más grande. Se trata de aprender, primero, a enfrentar esos vacíos y no tenerles miedo, porque forman parte del ser humano. Y luego, a llenarlos con Amor de verdad, a atreverse a mirar hacia arriba con el corazón y dejarse perfeccionar, poquito a poco, por Dios.
Pero esto es un camino. Y caerás mil veces, claro. Muchos caemos, pero no dejes que la culpa te consuma. También las caídas nos van modelando y acercando a Dios, a su manera. Pide perdón y tira para adelante. Y si al sacerdote le escandaliza, pues sinceramente, que se fastidie o que se meta a jardinero, porque escuchar pecados es parte de su trabajo. Y si no voy yo y le cuento los míos, verás cómo luego no se escandaliza con los tuyos ;)

