Me cuenta una amiga que en su equipo de apostolado hacen este ejercicio: el responsable les asigna un santo al azar, y durante todo ese año deben esforzarse en imitar sus virtudes.
A mí, que soy muy envidiosa, me encantó la idea, y quise hacerla también. A falta de responsable (y de responsabilidad, pero esa es otra guerra) esta mañana le he preguntado a Google. He buscado, literalmente, "un santo al azar", y he aquí que me he encontrado con una maravillosa sorpresa.
En concreto, con esta brevísima biografía del beato Juan María de la Cruz, un sencillo sacerdote diocesano de Ávila, dehoniano, que murió mártir en 1936 por declararse sacerdote ante unos milicianos que estaban profanando una iglesia.
Así que este año, conforme vaya pudiendo, me dedicaré a conocer mejor a este beato, su vida, su alma y sus virtudes, y sobre los dehonianos y el carisma de la reparación. Ahora mismo me siento como el protagonista de Charlie y la fábrica de chocolate: abriendo muy poco a poco la tableta, tratando de saborear despacito el dulce para que me dure un año entero, y para disfrutarlo mejor.
De momento, me quedo con este fragmento de una carta que Juan María envió a su provincial desde la cárcel:
A mí, que soy muy envidiosa, me encantó la idea, y quise hacerla también. A falta de responsable (y de responsabilidad, pero esa es otra guerra) esta mañana le he preguntado a Google. He buscado, literalmente, "un santo al azar", y he aquí que me he encontrado con una maravillosa sorpresa.
En concreto, con esta brevísima biografía del beato Juan María de la Cruz, un sencillo sacerdote diocesano de Ávila, dehoniano, que murió mártir en 1936 por declararse sacerdote ante unos milicianos que estaban profanando una iglesia.
Así que este año, conforme vaya pudiendo, me dedicaré a conocer mejor a este beato, su vida, su alma y sus virtudes, y sobre los dehonianos y el carisma de la reparación. Ahora mismo me siento como el protagonista de Charlie y la fábrica de chocolate: abriendo muy poco a poco la tableta, tratando de saborear despacito el dulce para que me dure un año entero, y para disfrutarlo mejor.
De momento, me quedo con este fragmento de una carta que Juan María envió a su provincial desde la cárcel:
"¡Dios sea bendito! ¡Hágase en todo su divina voluntad! Me alegro mucho de poder sufrir algo por Él, que tanto sufrió por mí, pobre pecador."

