miércoles, 3 de abril de 2013

8 Una agradable sorpresa

Justo anoche hablábamos, en un seminario web, acerca del apostolado de los laicos. A mí la vocación del laico me parece la más maravillosa dentro del cristianismo (supongo que, a cada uno, la suya le parece la vocación más afortunada y bendecida y apasionante). Los laicos tenemos la oportunidad de ser la avanzadilla de Cristo, la primera línea de batalla. En muchos casos somos poco menos que francotiradores de la fe, infiltrados en medio del mundo, sin más armas que la cruz y la alegría (que no es poco).

Sin embargo, claro, tiene sus dificultades. La protección espiritual es la que uno mismo se procure, y las distracciones, las tentaciones y las zanjas acechan a cada paso. Todo la ilusión del que rotura terreno virgen puede tornarse, con el tiempo, en el desaliento y el cansancio de nadar constantemente contra corriente hostil. Los laicos, a veces, nos sentimos solos. Es difícil (no imposible, pero difícil) encontrar otros laicos que luchen en la misma batalla y compartir los sinsabores y las alegrías con ellos. Ya es complicado simplemente encontrar cristianos, hoy en día, pero aún lo es más encontrar fieles que lleven su fe fuera de la parroquia o de los ambientes eclesiales. Y no les culpo. Levantarse cada mañana dispuesto a llevar a Cristo allí donde no se le quiere (o uno piensa que no se le quiere, o allí piensan que no le quieren) es agotador, incluso para un converso. Y la tentación de refugiarse demasiado a menudo en los que comparten nuestras propias creencias es muy, muy, muy grande.

Esta mañana me he llevado una gratísima sorpresa. He recibido un correo de la red profesional Linkedin, notificando los últimos debates abiertos en uno de los grupos a los que estoy suscrita. Se trata de un grupo meramente de trabajo, donde hay profesionales de la gestión y la dirección de empresas. Uno de los debates se llamaba "Este mensaje tan sencillo transformó el mundo para siempre". Lo abrí esperando encontrar cualquier historia New Age de estas que están tan de moda, o alguna noticia viral. Cuál no sería mi sorpresa cuando leí el mensaje, que constaba solo de dos palabras:
Ha resucitado.
Llevo leyendo este mismo mensaje varios días, en los muros de Facebook de mis amigos creyentes o en sus perfiles de Twitter, de formas más o menos originales, ilustrado de una u otra forma, muchas de ellas muy buenas. Pero en ningún momento me había impactado tanto como al verlo así, desnudo y expuesto, sin ningún adorno, en un foro en el que no me lo esperaba. Ahora sí: hoy verdaderamente Le he sentido vivo.

Esta es nuestra gran fuerza como laicos: el lugar que ocupamos. Igual que el grano de levadura desarrolla todo su empuje en mitad de la masa y no entre otros granos de levadura. Nuestro ser laicos tiene sus raíces, por supuesto, en el seno de la Iglesia: allí es donde vamos a alimentar nuestra fe y nuestros conocimientos, porque no basta con el testimonio. Tarde o temprano surgen las preguntas. Preguntas del tipo: "Si es improbable que un crucificado pueda apenas respirar cuando está agonizando, ¿cómo es que Jesús habló?" o "¿Cómo puede ser pecado si no estoy dañando a nadie?" Y hay que estar preparados, todo lo que se pueda, para responder, desde la ciencia y desde la doctrina de la Iglesia. La Iglesia es nuestra forja, pero el campo de batalla está ahí fuera; y, como soldados, si no salimos a enfrentar a los dragones, ¿de qué nos sirve coleccionar hermosas armas en casa?

8 comentarios:

  1. Me has dado fuerza Susana, gracias!

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  2. Excelente reflexion! sobre todo ahora que me paso en el trabajo el cansancio de vivir en un ambiente tan hostil hacia las creencias de Cristo recusitado! vivamos como Jesus mismo, siendo constantemente acusados y perseguidos como El lo fue... Compartir la misma pasion de Cristo donde nos encontremos es el reto como cristianos de vivir en este mundo sin ser del mundo. Gracias, me has ayudado a entender mas mi roll dentro y fuera del trabajo!!!

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  3. Cuenta con mi espada y con mi escudo. La batalla nos espera.

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  4. ¡¡Cuento con ellos!! ¡¡A las armaaaaaaas!!

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  5. Saludos. A veces nos encontramos en lugares donde ni pensamos que puede haber un cristiano, pero la realidad es de que nuestro Dios siempre tiene alguien dentro de todos los ámbitos, inclusive aquellos menos nos imaginamos. Dios te bendiga.

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  6. Hoy mi oficina se cambia de edificio. El lunes estrenamos edificio, despacho, mesas, sillas...
    Lo último que he guardado en mis cajas ha sido un crucifico que siempre me acompaña. El lunes será el primero en salir de las cajas para darle un lugar privilegiado en mi nuevo sitio. No sabes el bien que hacen estos pequeños gestos y las conversaciones tan interesantes y oportunidades de evangelización en el trabajo que me ha dado esa crucecita.

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  7. Alexis: es cierto. A veces nos desanimamos antes de tiempo...
    Magais: ¡Un crucifijo sobre la mesa, qué bueno! Me lo apunto.

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