jueves, 15 de agosto de 2013

11 Vuelva usted mañana... o mejor, no vuelva

Tanto tiempo sin pasar por aquí por pura y auténtica pereza, y ahora que vuelvo, lo hago de mala leche. Perdóname, por la ausencia y por la mala baba que traigo hoy.

Una persona, queridísima mía, trabaja en un negocio familiar. Y se pone de los nervios al ver cómo los dueños tratan a patadas a los clientes. "Se piensan que van a tener clientes siempre, hagan lo que hagan, y el día que se vean solos y tengan que cerrar, ya será tarde." Esta tarde me he acordado varias veces de esta frase, pero no en una tienda sino en la iglesia.

He ido con una amiga a misa en una parroquia que no conocía. Terminada la misa sin incidentes a señalar y sin móviles sonando (no está mal este sitio, pensaba yo), entré con mi amiga a la sacristía. Yo le había llevado un pequeño escapulario y queríamos bendecirlo. Mientras esperábamos, mi amiga, en un impulso, me dijo: "¿Podré confesarme ahora?" Yo intuí que era importante, así que cuando el sacerdote se quedó libre le agarré por banda: "Para bendecir y confesar, por favor." Yo esperaba, por mi experiencia en otras parroquias, una acogida de brazos abiertos y amplia sonrisa.

Pero no. El sacerdote nos mira como si estuviéramos pidiendo una marcianada. "Fíjate estas dos, que vienen a una parroquia y se quieren confesar, habráse visto", parecía estar pensando. Por un momento me arrepentí de no haberle pedido cuarto kilo de salchichón, tal vez se hubiera sorprendido menos. "Es que...", empezó a decir.

Yo me puse detrás de mi amiga y le miré con mi cara de "Es que nada, amigo". "¿Hace cuánto que no te confiesas?", le preguntó. "Desde la JMJ. La de Madrid." "Y ¿no puedes venir otro día?"

Parece ser que en el Cielo hacen fiesta con estas cosas, pero aquí en la tierra preferimos irnos a ver la tele. Viene a tu parroquia una persona que lleva tres años sin confesarse, por fin se decide, y tú le dices que vuelva otro día. Y no se me ocurre ninguna razón que lo justifique. Si tú no puedes, para eso están los demás sacerdotes de la comunidad (¡que les tienes a dos metros, llámales!), si te está esperando el Obispo, que espere, y si se está acabando el mundo, razón de más para ponerte a confesar. Sinceramente, no se me ocurre ninguna razón para demorar la confesión de alguien que viene a pedírtela, lleve tres años o tres días sin hacerla.

Finalmente, mi amiga no cedió (¡bien por ella!) y los dos se retiraron. Fabuloso, pensé: puedo quedarme un ratito ante el Sagrario. Entré a una capilla donde había varios jóvenes (¡jóvenes! ¡Había jóvenes! Lo que darían en tantas parroquias...) rezando. Pero mis desventuras no habían terminado. Aún no había alcanzado el banco cuando una señora, cuyo tamaño físico no le hacía ninguna justicia al de su mal genio, llegó dando palmadas y diciendo en voz alta: "¡Vamos, fuera, que van a cerrar!". Como uno de los chicos se demoró unos segundos todavía en su oración, se dirigió hacia él, y el pobre chico se salvó (o eso me pareció a mí) de que le sacaran a patadas gracias a unos reflejos de vértigo.

Vale, exagero un poco. Pero, sinceramente: me han sacado de discotecas a las seis de la mañana con mejores modales. En mi parroquia (y en otras muchas) jamás se echa a nadie que esté rezando (a los que van allí a dormir la mona si les pedimos que se marchen. Pero es que roncan...). Si son las diez de la noche, y hay alguien en el templo, se esperan a que termine. Y si son ya las mil, pues sí, se le dice algo, pero con discreción, cariño y delicadeza.

Así que, como un perrillo apaleado, me senté a la puerta (que se cerró inmediatamente con un golpe seco) a esperar. Como dos minutos después salió mi amiga expelida (no se me ocurre una forma mejor de expresarlo) por la misma puerta. "¿Al final no te ha confesado?" le dije. "Sí, pero muy rapidito...", me contestó, con pena.

Sinceramente: que los propietarios de un negocio traten mal a sus clientes, como mucho acabará con el negocio, y ya está. Pero que en una parroquia se trate mal a quienes acuden es muchísimo más grave. Primero, porque lo más probable es, no que se vayan a otra parroquia, sino que directamente dejen de ir a la iglesia. Y segundo, porque lo que nos jugamos no es que esas personas compren jabón Lagarto o jabón Lagarta, sino su salvación. Su vida eterna. Si esto no es importante, ya me dirás qué lo es.

ESTA es la actitud...


11 comentarios:

  1. No sabes la alegría que me da ver una entrada nueva en tu blog, ya lo echaba yo de menos... ;)

    Con respecto al tema: sí, hay veces que la Iglesia no refleja precisamente caridad (cosa que a mí como joven me duele bastante).
    Yo también he experimentado el hecho de que me echen de una iglesia porque había mucha prisa por cerrar, el cura que no está en el confesionario en horario de confesión (eso me mató, después de que me decido a ir al cabo de los años...) y cómo no las señoras "super agradables" que se piensan que la parroquia es suya. En su momento te cabreas y se te quitan las ganas de volver, pero es que luego hay tantas personas que verdaderamente me enseñan a Dios y fortalecen mi fe que es imposible abandonar el barco.
    Porque como se dice en misa: "Señor, no tengas en cuenta nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia..."
    Un abrazo:)

    ResponderEliminar
  2. ¡¡Hola, Elena!! Pues muchas gracias. No sabes cómo me alivia saber que a pesar de todo las personas perseveran. Sí, Señor, no tengas en cuenta nuestros pecados, porque como nos los tengas en cuenta... vamos apañados.

    ResponderEliminar
  3. Bueno, la verdad es que es un poco triste y está claro que así no vamos a ninguna parte. Tenemos que esforzarnos mucho en la acogida de las personas

    De todos modos, también me gustaría comentar varias cosas como sacerdote: con personas que llevan mucho tiempo sin confesar yo soy bastante reacio a confesar aquí te pillo y aquí te mato. Prefiero sugerir un día para hacerlo con calma pues seguro que hay muchas cosas de las que hablar. Eso sí, educación y buenas maneras ante todo.

    Por otro lado el tema de cerrar no siempre es fácil, a veces te tienes que ir sí o sí y no tienes más remedio... pero con educación claro está. A mi me duele tener que decirle a alguien que tenemos que cerrar.

    En cuanto a lo que comentaba Elena de no estar en el confesionario en horario de confesión... yo lo siento muchísimo pero me pasa a menudo que cuando te vas a sentar viene alguien al despacho y entonces tienes la disyuntiva: atiendes en el momento o vas a confesar? Por no decir la gente que viene a confesar y quiere hacerlo en el despacho (pero entonces no estás en el confesionario) o cuando llega la hora de la misa y tienes que cortar a alguien para ir a celebrar porque al resto de personas no puedes tenerlas esperando diez o quince minutos... hay que elegir y nunca es a gusto de todos. También es bueno ejercitarse en la paciencia, la comprensión, etc., y que los que podamos no nos centremos en nuestro problema, sino que tengamos una mirada amplia para ver también que el cura no sólo atiende a uno, sino a un porrón de gente. Hay veces que no está con nadie, pero hay veces que tiene que atender a todos a la vez!!! Y eso es imposible

    ResponderEliminar
  4. Yo estoy con Susana 100% en su apreciación. No digo más.

    ResponderEliminar
  5. Llevas mucha razón, Guillermo. A veces los laicos os sometemos a un acoso y derribo bastante brutal, y ese tema daría para otro post. En mi parroquia, cuando vas a ver a cualquiera de los cuatro consagrados, lo normal es que te los encuentres tratando de escribir un correo mientras varias personas distintas les hablan al mismo tiempo: uno que pregunta, otro que se queja, otro que pide...

    Un día me pasó una cosa muy graciosa. Era domingo y estaba comentándole no recuerdo qué a mi párroco en la puerta de la iglesia. Iba a empezar la misa de doce y la gente entraba poco a poco. En un momento dado me percaté de que el hombre no paraba de decir "Buenos días, buenos días, buenos días, buenos días...", ¡incluso cuando no pasaba nadie! "Pero ¿a quién saludas, pater?" le pregunté. "A nadie. Es que esta es la única forma de que no se me pase ninguno, porque si alguien cree que no le he saludado, se cabrea."

    Es así. Exigimos y exigimos y no nos damos cuenta de que tenemos delante a un ser humano, con limitaciones espaciotemporales y biológicas como cualquier otro ser humano. Sin embargo, al menos yo en mi parroquia nunca me he sentido como me sentí ayer. Creo que es más un asunto de forma que de contenido. No es lo mismo decirle a alguien "Mira, lo siento mucho pero ahora mismo me viene fatal. Si te parece, haz un examen de conciencia a fondo y te veo en una semana, tal día a tal hora." que decirle "Buuuufff... mejor vente otro día." El mensaje es el mismo, pero en el primer caso estás demostrando interés y en el segundo no.

    ResponderEliminar
  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  7. Caray, al editar el comentario me he dado cuenta de que tengo hecho un blog!!! jajajaja, esto me pasa por hacer pruebas en todas partes!!!!

    En fin, a lo que iba, que estoy de acuerdo con todo. Tenemos que esforzarnos mucho en el tema de la acogida y recepción de las personas aunque nos toque inflarnos a aspirinas en los días de dolor de cabeza. Punto pelota.

    ResponderEliminar
  8. Pues a ese blog hay que darle uso algún día, ¿eh? Jejejejeje.

    No tiene nada que ver, pero en mi trabajo pasa algo parecido. Estás estresadísimo y todo el mundo llama, escribe y se presenta a la vez, a preguntar lo mismo de siempre, y lo justo para esas personas es que uno sea amable y les trate con atención y cariño. Y si puede, que les alegre el día. No siempre se consigue, claro, pero al menos intentarlo.

    A veces soñamos con salvar el mundo, con grandes actos heroicos, cuando lo cierto es que el verdadero heroísmo está en esas cositas. Al menos a mí es lo que más me cuesta :)

    ResponderEliminar
  9. Saludos!

    Es triste ver que estas cosas pasen en la iglesia. Yo he crecido toda mi vida en la rama de la iglesia protestante, y he visto y escuchado historias que me han dejado con la boca abierta. Sucece muchas iglesias protestantes que ni si quiera dejan entrar al templo por la forma en que la persona esta vestida. Y si llegase a entrar, y a aceptar a Cristo en su vida, rápido van y le hacen una compra de ropa, o le donan ropa porque la que tiene es del pasado. Si la persona acepta a Cristo, debemos darle espacio a que la persona le de la oportunidad a Dios para sanar su vida, su corazon, y el cambio vaya ocurriendo de forma natural.

    ¿Qué pasa en el mundo? Cuando preguntas a la mayoria de la gente, es que fueron rechazados por personas en la iglesia. Eso me parte el alma.

    Dios mandó a Samuel a ungir un nuevo rey para su pueblo. Cuando fue, el buscaba alguien fuerte...

    "Pero el Señor le dijo a Samuel:

    —No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón." 1 Samuel 16:7

    Dios te bendiga.

    ResponderEliminar
  10. Totalmente de acuerdo, me ha pasado como a esos jóvenes y a ti y me toca salir literalmente corriendo antes que cierren la iglesia jajaja
    Saludos Susana!!

    ResponderEliminar

 

y en tu camino seré el andar Copyright © 2011 - |- Template created by O Pregador - |- Powered by Blogger Templates