martes, 19 de febrero de 2013

5 Con tu corazón regarás la tierra (Is 55,10-11)

Decía Sartre que el hombre está condenado a ser libre, y es cierto, aunque yo hubiese usado la palabra "privilegio" en lugar de "condena". Pero da lo mismo. El hecho es que no podemos escapar a las elecciones. Podemos asumir o no la responsabilidad, podemos ser más o menos conscientes, pero somos inevitablemente libres. Hasta en las situaciones más limitantes, mientras el hombre es consciente, puede elegir. Al menos, puede elegir entre derrumbarse o seguir luchando, y es más: tendrá que hacerlo.

De la misma manera, el hombre está condenado a influir en el mundo, a dejar su huella, "como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar". No puedo pasar por la vida sin hacer el bien, o el mal. No puedo evitar que mi vida, mis palabras y mis actos toquen la puerta de otros. No puedo evitar alegrar la tarde a un amigo (porque he decidido vencer la pereza y hacer una llamada) o terminar de estropeársela (porque decido quedarme viendo la tele en lugar de llamarle). (Algunos amigos me dirían que es justo al contrario, pero es que tengo amigos muy cabroncetes, qué le vamos a hacer). No puedo evitar que mi buen o mi mal humor provoquen una sonrisa o un ceño fruncido. Incluso, si pudiese mantenerme en la inacción más absoluta (y algunos domingos casi lo consigo) no puedo evitar que el bien que podría estar haciendo se quede sin hacer.

Tuve un novio que me solía decir "No soy responsable de tus sentimientos", lo que venía a significar "Haré lo que me dé la gana sin importarme que te haga daño". Se engañaba a sí mismo, claro, y bastante mal además, porque por mucho que yo no protestara (y no decía esta boca es mía) la culpa se iba asentando, como barro, sobre sus hombros. Somos responsables de lo que hacemos respecto al otro y de lo que dejamos de hacer, y es algo tan inherente a la persona como el respirar. 

Pero ¿dónde termina mi responsabilidad? ¿Cuál es la parte que me corresponde? ¿Devolver el bien que me han hecho otros, como se devuelve una invitación a tomar cañas? ¿Ayudar un poco? ¿Tratar bien a los más cercanos? ¿Poner mi granito de arena? ¿Ojo por ojo y diente por diente? Pues no, al menos si soy cristiano. Si soy cristiano, la parte que me corresponde es todo. La entrega total y absoluta por amor. El derramamiento del corazón, que fecunda la tierra. No puedo evitar ser como el agua y la nieve que caen y, porque soy cristiana, elijo no ser torrente sino mansa lluvia. Elijo ser la gota que muere, casi sin ser notada, empapando esa semilla que guardas, tan celosamente, en tu alma.




5 comentarios:

  1. A veces hacemos las cosas tan inconcientemente que nos olvidamos de lo ingluyente que somos en todas las personas que nos rodean, algunos en mayor grado que otros, pero todo lo que hacemos influye. Igual como dices, esa gota sin ser notada puede ser la diferencia en la vida de otra persona.

    Somos responsable de lo que hacemos, y de lo que no hacemos a conciencia. Si digo que no soy responsable de tus sentimientos, lo que estoy es aceptando que te voy a hacer daño, pero sin tomar la responsabilidad. Que mal que haya personas que hagan eso. Solo Dios sabe como pagarán.

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  2. Espero que no tengan que pagar. Que vayan creciendo, como hemos hecho todos. Yo también soy egoísta muchas veces, así que...

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  3. No puedo evitar decirlo: ¡¡¡ tu novio era un imbecil!!!
    (bueno, bórralo si quieres, pero despues de 24 horas)

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  4. Apóstol: Muchas gracias :)
    Grissom: No lo borro. Era un imbécil, jejejeje.

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