sábado, 26 de enero de 2013

9 Te echo de menos

Probablemente sea la frase que más he oído, de una u otra forma, desde que me convertí. Echo de menos a la Susana que pasaba los fines de semana cocinando, que leía novelas policíacas y por las tardes, en lugar de ir a misa, veía series de televisión. Echo de menos a la Susana que me llevaba a rastras a la ópera y a exposiciones infumables. A la Susana que publicaba en Facebook fotos de gatos y tráilers de películas de Pixar.

Todo cambio en la relación con Dios implica, ineludiblemente, un cambio en la relación con las personas que te rodean. No importa si es una conversión brutal o un ligero acercamiento (o alejamiento) a Dios, el movimiento hará tambalear toda tu vida. Puedes intentar amortiguarlo, disimularlo, pero tarde o temprano caerá por su propio peso, y la distancia que se ha ido creando en ese tiempo será más difícil de salvar.

Eres responsable de lo que has domesticado, decía el Principito. La opción sencilla, a veces, es salir corriendo. Borrón y cuenta nueva, y no tener que enfrentarme al dolor que estoy causando, a la nostalgia de quien añora una parte de mí que sé que no va a volver. No tener que asomarme a ese vacío que dejo en su corazón, a esa ausencia de mí, aunque no me haya ido. Pero no puedo, porque soy responsable de cada lazo que he ido creando en mi vida, de cada una de las personas que me ha acompañado, aunque sea un poco.

Bienaventurados los pobres. Sí, los pobres, los que no tienen nada, ni siquiera a sí mismos. Los que han entregado su tiempo, sus fuerzas, su atención y su vida entera. Y sí, bienaventurados, porque al no tener nada lo tienen todo. Porque poseen la tierra que alimenta su alma. Bienaventurados, porque al no tenerse a sí mismos tienen todo lo demás, y la libertad absoluta para vivirlo hasta las raíces.

No me eches de menos, porque nunca he sido tan tuya. Nunca te he pertenecido tanto. Mis días, mi pensamiento y hasta mis gestos, son para ti. Ya no compartimos tantas cosas, es cierto. Pero, a cambio, te ofrezco un corazón atento y todo el tiempo del mundo. Te ofrezco unos ojos que solo quieren mirarte a ti, saber de ti, llorar contigo.  Porque me entrego a ti, no porque me lo ordene mi Señor, sino porque ahora, cada vez que me olvido de mí, descubro que disfruto contigo, que me gusta mirarte y escucharte, que cada vez que ríes me siento feliz.

No me eches de menos. Porque nunca te he amado tanto. 

9 comentarios:

  1. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Simplemente una maravivalla Susana!!!!!!!!!!!!!!

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  2. Jolín Susana, qué bonito. Me encanta :_)

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  3. Fenomenal! Gracias por tu testimonio!

    PD: Y bueno, de novelas policiacas supongo que conocerás al Padre Brown de Chesterton. Si no, es buen momento ;D

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  4. ¡Gracias! Sí, he leído todo lo del Padre Brown. Me dio una pena cuando terminé el último...

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  5. Cada ser humano evoluciona hacia un sentido. No todos lo comprenden, ni lo apoyan, es lógico, cada persona es un mundo, con sus principios y sus "finales".
    No creo que la anterior Susana fuese peor que la nueva, solamente que has evolucionado hacia la Luz, las has visto y has descubierto la felicidad... y otros, como es mi caso, te seguimos, porque nos seduces, nos ofreces tu cariño y nos enseñas el Camino, nos transmites tu sabiduría, compartes lo que vives, eso es muy grande.

    Felicidades por tu post, es muy enriquecedor.

    Saludos

    Víctor Clavero

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  6. Comparto lo que vivo... porque otros lo compartís conmigo. Porque encuentro personas que me acogen y que me quieren. Si no, no tendría nada que compartir. Es una calle de dos direcciones.

    Muchas gracias :)

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  7. Muy bueno el post. Es genial Susana. Cuando cambias, las personas a tu alrededor también cambian. Y puede ser duro, es una criba, y te das cuenta de quién te acepta de verdad y quién no. Lo importante es ser uno mismo. Convertirse al cristianismo es aceptar que vas a ser perseguido, que la gente no lo entenderá, que te dirán de todo, y esto siempre ha sido así!!! XD :D :D

    A mi me gustas más ahora, viviendo tu Fe, disfrutando tanto de haber encontrado a Dios... yo te veo más feliz. Aunque siempre puedes seguir haciendo bizcochos que esos también vienen del Señor!!! Si es que todo lo bueno viene de Él. Un abrazo enoooooorme!!!

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